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La vida del autónomo no es fácil: papeleo, estrés, facturas… son palabras comunes en su día a día y muchas veces no saben muy bien qué derechos tienen ni con qué bonificaciones o ventajas fiscales cuentan. El riesgo al que se exponen es muy grande ya que dependen de ellos mismos para sacar adelante su empresa. Si se ponen enfermos, por ejemplo, o tienen un accidente, dejan de ingresar el dinero que estaban generando y por ello suelen contratar seguros privados a pesar de que la Seguridad Social cubre las prestaciones de asistencia mínimas. Esta “situación especial” hace que el Gobierno permita beneficiarse de una serie de ayudas fiscales que hacen más fácil su día a día. Vamos a ver qué tipos de gastos nos podemos deducir si somos autónomos y qué requisitos tiene que cumplir un gasto para que sea desgravable.

Requisitos para que un gasto sea deducible

Saber lo que deducirse y lo que no, es sumamente importante, ya que va a marcar la cantidad de IRPF que se tiene que pagar a Hacienda, siempre y cuando todo se haga correctamente y dentro de la legalidad. Una vez entendido esto, vamos a ver que requisitos tiene que tener un gasto para que sea deducible: Deben ser gastos asociados a la actividad económica desarrollada por el autónomo en cuestión. Deben estar convenientemente justificados mediante facturas, aunque en ocasiones pueden valer tickets y recibos (ahora entendemos la obsesión de los autónomos de pedir facturas compulsivamente). Deben estar registrados contablemente en el libro de gastos e inversiones. En principio, siempre que los gastos cumplan estas tres condiciones, los podemos considerar deducibles y, por tanto, nos podremos ahorrar una cantidad nada despreciable que, en muchos casos, puede marcar la diferencia entre poder seguir realizando nuestra profesión como autónomos o tener que cesar nuestra actividad.

Gastos deducibles en el IRPF

Una vez que tenemos claros los requisitos para poder desgravarse un gasto, vamos a ver un listado de los más habituales decretados por Hacienda:

 

 

Consumos de explotación: Compras de mercaderías, materias primas y auxiliares, combustibles, elementos y conjuntos incorporables, envases, embalajes y material de oficina.

Sueldos y salarios: Todo aquello que sean retribuciones a trabajadores como salarios, pagas extraordinarias, dietas, gastos para viajes, indemnizaciones, etc.

Arrendamientos y cánones: Alquiler de un local, cánones, asistencia técnica, etc. Reparación y conservación: Gastos de mantenimiento, reparaciones de material en mal estado, repuestos, etc. IMPORTANTE: NO SE INCLUYEN GASTOS POR AMPLIACIONES O MEJORA, YA QUE SE CONSIDERA QUE DICHOS GASTOS SE AMORTIZAN POSTERIORMENTE A MEDIO O LARGO PLAZO.

Seguridad social: Cotizaciones de los empleados y la del empresario mismo. Es deducible 50% de la aportación por contingencias comunes.

Gastos financieros y amortizaciones: Intereses de préstamos y créditos, recargos por aplazamiento de pago de deudas, etc. Las amortizaciones también son desgravables (importe del deterioro o depreciación de las inversiones contempladas como inmovilizado material o intangible afecto a la actividad).

Tributos deducibles: Todos aquellos impuestos que, según Hacienda, sean desgravables como el IBI (Impuesto de Bienes Inmuebles), (IAE) Impuesto de Actividades Económicas, etc. El caso del IVA es especial, ya que únicamente será deducible cuando no sea desgravable a través de la declaración de IVA (que no presenten declaraciones trimestrales de IVA). Esto se da solo en algunas actividades exentas de IVA como la medicina o en actividades acogidas a regímenes especiales (como la agricultura, la ganadería y la pesca).

Profesionales independientes: Honorarios de economistas, abogados, gestores, notarios, etc.

También se pueden deducir otros servicios externos como los gastos en investigación y desarrollo, transporte, primas de seguros, servicios bancarios, etc.

Evolución del número de autónomos en España

A pesar de estas ayudas fiscales que reciben, el número de autónomos actual es mucho menos que el de antes de la crisis, aunque es verdad que desde 2012, el número ha ido aumentando de nuevo, aunque levemente.

 

 

En 2008, la cifra de autónomos ascendía hasta los 2.141.717 y en los años posteriores, la caída fue en picado hasta que 4 años después se tocó fondo con 1.909.916 perdiendo más de 200.000 trabajadores autónomos. Después de ese punto de inflexión se inició una recuperación lenta pero constante que ha llevado a la cifra actual de 1.974.881 en el tercer trimestre de 2016 según datos de la Secretaría General de Empleo.