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A veces la mejor forma de ahorrar es defender tus derechos, es reclamar lo que es tuyo. La apatía, no conocer y reclamar nuestros derechos, nos puede salir muy caro. Para inspiraros, os voy a contar tres historias de reclamación de éxito que supusieron la devolución de muchos cientos de euros y un sonado fracaso...

 

Estas tres historias son totalmente verídicas y representan tres formas de conseguir varios cientos de euros de vuelta. La primera tiene que ver con los abusos de los bancos en forma de descubierto en una cuenta que permanecía olvidada desde hace mucho tiempo, la segunda os dará una idea de cómo las instituciones del Estado tampoco hacen siempre bien siempre su trabajo y eso nos puede generar un gran roto económico; la tercera tiene que ver con la gran empresa de telecomunicaciones de este país, sus comerciales y la manía de no dar las cosas por escrito...

Reclamar no siempre da resultados, y de ello versa la cuarta historia, la del reloj que jamás dio la hora. En cualquier caso, no hay que dejar de ejercitar nuestros derechos como consumidores, no valen excusas, ni apatía, ni la decidida intención de no generar conflictos, porque eso te puede costar varios cientos de euros al año...

Vamos con las historias:

 

Descubierto en un banco con final feliz

 

Hace unos años descubrí que una de las cuentas que usaba hace mucho tiempo había comenzado a generar comisiones y, con el paso de los años, había acabado en un buen descubierto, de forma que debía varios cientos de euros a la entidad. Esta entidad comenzó a cargarme comisiones por mantenimiento sin mi conocimiento y ninguno de sus avisos me fue entregado.

No recuerdo bien cómo, pero la deuda por fin llegó a mis oídos, y acudí raudo a la entidad con un mensaje claro, que se resume en que yo no me sentía culpable de esa deuda y que de hecho llevaba sin utilizar esa cuenta desde hace muchos años.

Tras un intenso tira y afloja, que nunca hay que dejar que degenere en gritos ni malos modos, el comercial tuvo claro que a menos que usara la vía judicial, no iba a recuperar el dinero, de forma que finalmente se perdonó la deuda y la cuenta se cerró en ese mismo instante.

Acto seguido me dediqué a pulular por el resto de entidades en busca de cuentas “muertas vivientes”. Descubrí que ninguna de ellas me ha había generado problemas adicionales.

 

Recargos en el IBI y el impuesto de basuras del Ayuntamiento

 

Tras cambiarme de domicilio, y después de darme de alta en el padrón municipal y el registro de la propiedad en mi nuevo hogar, descubro que el Ayuntamiento me ha enviado tanto el IBI como el impuesto de basuras al domicilio anterior, de forma que no recibí los avisos y, obviamente, se produjo un impago.

Finalmente el Ayuntamiento, sin mediar intervención por mi parte, decide enviarme los impuestos a la dirección correcta, eso sí, con un recargo de unos 250 euros por interese de demora. Acudo a una de sus oficinas de recaudación y pago sin dilación puesto que en la carta recibida se me dejaba bien claro que no había derecho a reclamación y además era responsabilidad mía pagar al margen de los avisos.

Pero considero injusto que el Ayuntamiento no me haya mandado los recibos al sitio correcto durante dos años y por fin al tercero decida enviármelos bien, y, por supuesto, reclamo. La reclamación, bien redactada y con todo lujo de detalles, requiere mucho más espacio que el que en principio el Ayuntamiento destina en sus hojas de reclamaciones.

El Ayuntamiento intenta zafarse escurriendo el bulto hacia el registro catastral, que me indica que no, que es el propio Ayuntamiento el responsable de mantener su base de datos actualizada y, por tanto, de no haberme enviado los recibos en tiempo y forma.

Tras unos meses de espera, recibo una comunicación del Ayuntamiento favorable hacia mis pretensiones, pero no fue hasta muchos meses después (todos sabemos la delicada situación de endeudamiento del consistorio madrileño) cuando recibo el dinero de vuelta.

 

El engaño de la “teleco”

 

Me indigno como el que más cuando los nuevos clientes obtienen mejores condiciones que los que llevamos años apoyando a una empresa con nuestros recibos mensuales. Tras superar el período de permanencia obligatorio del ADSL, decido llamar a la empresa de telecomunicaciones en cuestión para comentarles que quiero las mismas condiciones que dan a nuevos clientes.

Tras un rato de reticencias, el comercial accede a darme de baja y volver a darme de alta una nueva línea para abaratar mi recibo mensual. Cuando todo era alegría en casa, recibo la noticia de que tenía que pagar dos líneas de ADSL por decreto ley. El comercial no me dio de baja la línea tal y como prometió.

Obviamente interpuse rápidamente una reclamación y tras numerosas llamadas, la línea original de ADSL fue dada de baja y gran parte del dinero, devuelto, aunque no todo. En el proceso exijo la grabación de mi conversación con el comercial, pero esa grabación no llega nunca a aparecer.

En cualquier caso, se trata de otra historia de ahorro, puesto que además de abaratar la cuota mensual, se devolvió casi todo el dinero injustamente cobrado.

 

Una historia de fracaso

 

Compré un reloj en la sección de oportunidades de una conocida tienda de muebles, sección que dejaba claro que no había derecho a devolución. Cuando llego a casa y procedo a poner pilas al aparato, compruebo que no funciona. Mi sorpresa llega al volver al tienda en busca de repuesto o devolución del dinero y se niegan en redondo.

¿Será posible que hayan puesto a la venta un reloj que no dé la hora? Pues sí, y no solo eso, a pesar de mi insistencias e incluso reclamar a las autoridades, jamás conseguí que los vendedores entraran en razón.

Cuidado con las oportunidades, si compras una lámpara y no da luz, es tu problema... En cualquier caso esto de da en la sección de oportunidades y no en el resto de productos y, en este caso, ni insistencia no fue mucha pues la tienda no se encontraba cerca de mi domicilio y el dinero perdido fue de unos 10 euros.

 

Reclamar es siempre un acierto

 

La moraleja es clara: el dinero recuperado, no abonado y ahorrardo en las tres historias de éxito ascendió a casi mil euros. Estar informado de nuestros derechos como consumidores es muy importante para mantener nuestras finanzas controladas. No dejes nunca de reclamar, de hacer valer tus derechos. Reclamar es cansado, el conflicto genera ansiedad, perdemos tiempo, pero compensa.

 

¿Qué opinas? Ayuda al resto de usuarios y cuenta tus historias de éxito y fracaso en los comentarios...

 


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