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Agencia Tributaria reforma IRPF

La última reforma fiscal emprendida ha traído ciertos beneficios para los ahorradores. Sus efectos se notan especialmente en la reducción de los tipos de gravamen tanto de la base general como del ahorro. A parte, se ha introducido un nuevo producto de ahorro, los Planes de Ahorro a Largo Plazo que pueden instrumentarse a través de un seguro de vida individual o de un depósito financiero, cuya ventaja es la exención fiscal de los rendimientos si este se mantiene durante cinco años y no se superan los límites de aportación establecidos.

 

Para desentrañar las ventajas que acarrea esta reforma fiscal basta con sumergirse en la ley 26/2014 que la puso en vigor, tal y como han hecho desde ICEA para elaborar su Manual práctico de fiscalidad para 2015. En ese documento se pone especial énfasis que en el caso de los depósitos bancarios cuyos beneficios tributan como rendimientos de capital y se suman al resto de rentas del ahorro. Así, cada vez que contratemos un nuevo depósito y éste venza y por lo tanto se paguen intereses en cuenta, habrá que pagar impuestos por él y el banco nos retendrá parte de los beneficios. 

 

Hasta aquí igual que siempre, lo novedosos de la reforma se plasma en la fiscalidad aplicada. Antes de las reforma, los intereses generados por depósitos que iban desde 0 a 6.000 euros debían tributar al 21%, de 6.000 a 24.000 euros el tipo marginal imputado era del 25% y desde los 24.000 en adelante la retención soportada era del 27%. Pero desde enero de este año la estructura fiscal ha quedado de la siguiente forma: De 0 a 6.000 euros, durante el 2015 tributará al 20% y en el 2016 al 19%. De 6.000 euros a 24.000 euros, durante el 2015 tributará al 22% y en el 2016 al 21%. De 24.000 euros a 50.000 euros, durante el 2015 tributará al 22% y en el 2016 al 21%. Y más de 50.000 euros, durante el 2015 tributarán al 24% y en el 2016 al 23%.

 

Se observa que para 2015, la reducción de los tipos del ahorro va desde el 1% para las bases liquidables menores, hasta el 5% para bases de 50.000 €. A su vez, el tipo de retención fiscal se reduce al 20% para este año. Con ello, nuevamente las rentas continúan siendo los productos con mejor tratamiento fiscal; para una renta temporal de hasta 6.000 €, el tipo de gravamen efectivo va desde el 2,52% hasta el 5,25% dependiendo de la duración, frente al 20% del tipo de gravamen del ahorro. En el caso de una renta vitalicia del mismo importe, los tipos van del 1,68% al 7,35%, dependiendo de la edad del contratante.

 

Dejando la margen los depósitos y las rentas desde que comenzó el año se dejan notar otras novedades destacables fruto de la última reforma fiscal, como es el caso de que los dividendos cobrados por acciones pasen a ser parte de la base liquidable del ahorro. Así, el inversor de a pie deberá incluir en dicha base los dividendos que obtenga de sus acciones y que hasta la reforma estaban exentos hasta 1.500 euros, ahora los inversores tendrán que tributar por el 100% de las cantidades percibidas en el año en concepto de dividendos, desde el primer céntimo de euro.

 


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