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Consecuencias del mal estado de las suspensiones

El verano ya está aquí, los desplazamientos vacacionales han comenzado, y una vez más hay que insistir en la necesidad de tener a punto nuestros vehículos, no solo para garantizar la llegada a nuestro destino sino también porque un buen mantenimiento puede evitar problemas mayores, y por tanto gastos importantes en reparaciones. Midas, la cadena de mantenimiento rápido del vehículo, ofrece una serie de recomendaciones, así como una serie de promociones de actuaciones en el vehículo que ha denominado LA revisión Oficial Midas.

 

En el periodo estival se producen más de 38 millones de desplazamientos, de ellos, solo uno de cada tres coches tiene el mantenimiento necesario para su correcto funcionamiento. Es por esto por lo que desde Midas recomiendan una revisión de al menos el estado de los frenos, la presión de los neumáticos, los niveles del aceite y el resto de líquidos del coche.

 

En cuanto al sistema de frenado recomienda controlar el estado de las pastillas de freno al menos una vez cada 10.000 km puesto que los frenazos suponen el desgaste excesivo y heterogéneo de las piezas que lo componen. Igualmente hay que estar pendientes del estado de los discos de freno, algo que no siempre se sustituye al mismo tiempo que las pastillas de freno y que pueden no soportar la duración de dos pastillas de freno seguidas. Desde el exterior se puede hacer una mínima comprobación por si, por ejemplo, están oxidados, curvos o si silban al frenar.

 

Hay que recordar que un sistema de frenado en mal estado puede suponer una mayor distancia en la detención de un coche en caso de emergencia, y sobre todo podría no evite una colisión con otro vehículo, por lo que ahí la reparación podría tener un coste muy elevado.

 

Los neumáticos son el único elemento que conecta al vehículo con el suelo, por lo que independientemente de las comodidades o sistemas de seguridad que éste ofrezca a los pasajeros, de nada servirán si las ruedas están en mal estado. Aquí es necesario un buen estado físico del neumático y una presión adecuada según la regulada por el fabricante del vehículo. Además, es ilegal tener un dibujo de menos de 1,6 milímetros. Necesita comprobaciones cada 20.000 kilómetros y la sustitución depende del modo de conducción y del uso que se dé del coche, pero no debería superar los 50.000 kilómetros o los tres años de vida. Llevar al límite el estado de nuestro neumático puede suponer un reventón en pleno rodaje lo que conllevará un posible accidente y dañar el sistema de suspensión del automóvil. Además, recorta la vida útil de las ruedas y un aumento de consumo de carburante.

 

En cuanto a los amortiguadores, se trata de la parte del vehículo que mantendrá la estabilidad más allá de las deformaciones del terreno sobre el que se circule. Es recomendable hacer una verificación cada 20.000 kilómetros y que los líquidos se mantengan con los niveles requeridos. En caso de un mal estado podría hacer que el coche sea ingobernable, aumenta las distancia de frenada o que en determinados momentos la rueda pierda el contacto con el suelo.

 

En cuanto al tubo de escape, éste debe cambiarse cuando se aprecie una sonoridad anormal, presente agujeros o suponga un consumo extra de carburante. Y es que, aunque está destinado a canalizar la salida de los gases que produce el motor en su funcionamiento, un mal estado de este sistema de salida puede conllevar un aumento de consumo.

 


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