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Omitir alguna enfermedad pasada en los seguros de vida puede acarrear problemas.

De pequeños nos dicen que no es bueno mentir, que debemos ser sinceros. Cuando crecemos a algunos se nos olvida. Error. En general, en todas las facetas de la vida, ir con la verdad por delante suele ser positivo y a la hora de rubricar una póliza, también. Engañar cuando contratamos un seguro puede conllevar graves consecuencias en el futuro.

 

Sea cual sea el ramo en cuestión, es producente expresarnos con franqueza y no omitir información; sin embargo, los efectos serán más graves, por ejemplo, en los seguros de vida, de autos o de hogar. Podemos incurrir en un fraude, en un infraseguro o, en los casos más extremos, dejar la póliza sin efecto.

Según el Informe del Servicio de Reclamaciones de la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones (DGSFP) 2013, en España hubo un total de 7.461 reclamaciones el año pasado. Los seguros multirriesgo, de enfermedad o de vida son los que lideran el infausto ranking. La cifra total supone un incremento de 1.137 reclamaciones respecto a 2012.

 

Mentir en los seguros de vida: el cuestionario de salud

 

Uno de los ramos en los que más evidente es la opción de omitir la verdad es en los seguros de vida. Concretamente en los cuestionarios de salud que el cliente debe rellenar para que la compañía pueda conocer el riesgo y calcular la prima correspondiente. Nos encontramos en este caso con una doble vertiente:

  • Por un lado, que el asegurado, consciente y premeditadamente, miente en dicho documento para abaratar la póliza.
  • Por otro, lo escuetos, genéricos y abiertos a diferentes interpretaciones que suelen ser estos cuestionarios.

En 2013 se formularon 967 reclamaciones referentes a los seguros de vida. 236 de ellas, un 30,65%, versaban acerca de la solicitud y proposición (cuestionario y diferente papeleo previo a la contratación). El 23,12% del total, 178, correspondieron a divergencias en la aplicación de la póliza contratada. Los reclamantes, según la (DGSFP), se quejan de la “deficiente información recibida”.

 

La interpretación de los cuestionarios es lo que provoca la gran mayoría de las diferencias entre asegurado y asegurador en los seguros de vida

 

La notoria ambivalencia que genera la interpretación de estos interrogatorios es lo que provoca la gran mayoría de las diferencias entre asegurado y asegurador en los seguros de vida. La Ley del Contrato de Seguro es bastante clara en su artículo 10: “El tomador del seguro tiene el deber, antes de la conclusión del contrato, de declarar al asegurador, de acuerdo con el cuestionario al que éste le someta, todas las circunstancias por él conocidas que puedan influir en la valoración del riesgo. Quedará exonerado de tal deber si el asegurador no le somete a cuestionario o cuando, aun sometiéndoselo, se trate de circunstancias que puedan influir en la valoración del riesgo y que no estén comprendidas en él”.

A colación de lo expresado por la normativa vigente, el asegurado tiene la obligación de contestar a las preguntas de la compañía. Nada más. En la mayoría de los casos los cuestionarios contienen preguntas del tipo sí o no, que en absoluto profundizan en el asunto. Es decir, aunque pueda resultar un argumento fútil, en muchas ocasiones no es que el cliente haya omitido una enfermedad, es que no le han preguntado si la padece.

Compete a la compañía la creación de cuestionarios claros y eficaces, que sean útiles para detectar las afecciones, dolores, enfermedades, etc, que deban ser tenidas en cuenta a la hora de establecer la prima del seguro. Recurriendo, si así lo estima conveniente, a la realización de un reconocimiento médico exhaustivo. Un buen ejemplo es la sentencia dictada por el Juzgado de 1ª Instancia nº 3 de Jaén, y fechada el 16 de abril de 2013. El asegurador, en este caso Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA), se negó a indemnizar porque, supuestamente, el cliente había mentido en el cuestionario al responder que no tanto a la pregunta de si padece o ha padecido alguna enfermedad como a la de si era fumador. Concluye la sentencia que las cuestiones son muy genéricas y que el paciente no tiene por qué saber que estar obeso “puede ser una enfermedad”. Teniendo en cuenta que el asegurado tenía 58 años, argumenta la sentencia que responder que no a la pregunta de si ha padecido alguna enfermedad es “ciertamente inverosímil” con esa edad. Otro de los interrogantes era si había estado sometido a algún tratamiento médico. Decir que no con 58 años es imposible. Nunca se le preguntó al asegurado, subraya la sentencia, “si era hipertenso, diabético o si había tenido algún ictus”. Condenó, por tanto, el juzgado al BBVA a abonar todas las cantidades estipuladas.

La conclusión que se debe sacar, a modo de recomendación, es que no hay que mentir nunca en un cuestionario de salud. Hay que contestar con sinceridad a todas las preguntas, pero es la compañía de seguros la que debe articular las cuestiones correctas. Huelga decir que si se demuestra de manera fehaciente que el asegurado ha mentido, la aseguradora podrá incluso en los casos más extremos a dejar sin efecto la póliza.

 

Engañar a la compañía de seguros es un fraude, un delito tipificado en el Código Penal

 

Además, engañar al hacer un seguro es un fraude, un delito tipificado en el Código Penal, concretamente en su artículo 248, cuya responsabilidad criminal puede llegar a ser de privación de libertad de seis meses a tres años. Par más inri, uno de los pilares principales del seguro es el principio de solidaridad. Es decir, si se comete fraude, el perjudicado no es sólo el autor de los hechos, si no la aseguradora y todos los demás asegurados.

 

Decir la verdad en los seguros de hogar: continente y contenido

 

Puede ocurrir que en los seguros de hogar se den unos valores incorrectos, tanto de continente como de contenido, y que esto produzca una situación de infraseguro o sobreseguro. En este caso el origen no tiene por qué ser una mentira por parte del asegurado, sino que muy probablemente será fruto de no saber cómo calcular exactamente las cantidades. Sin embargo, también puede suceder (y sucede) que el asegurado valúe sus pertenencias por debajo del valor real, a sabiendas de que lo está haciendo, para así abaratar la prima del seguro de hogar. Táctica que, a la postre, se volverá en contra del cliente en el momento de enfrentarse a un siniestro.

 

Valorar mal continente y contenido suele producirse porque se desconoce cómo calcular exactamente las cantidades, no tanto para cometer un fraude

 

El contenido lo forman todos los bienes que haya en el interior de la vivienda: electrodomésticos, ropa, armarios, mesas, lámparas… La mejor manera de valorarlo es calcular lo que nos costaría comprar cada uno de esos objetos de nuevo. Llevar a cabo este estudio puede ser interminable en algunos casos, pero es conviene hacerlo de la forma más precisa posible. Si disponemos de objetos de valor especial como joyas u obras de arte, es muy importante que lo mencionemos ya que su valor se incluye en un apartado distinto de la póliza. De lo contrario, el valor del contenido se dispararía y, por ende, el del precio del seguro de hogar también.

El contenido puede contratarse a valor total o a primer riesgo. El primer caso es el normal, se asegura la totalidad del contenido. En la segunda opción no nos fijamos en el valor de los bienes, sino que se estatuye una cantidad máxima indemnizable. Es el mejor sistema cuando somos inquilinos de la vivienda.

Respecto al continente siempre hay muchas dudas. De manera somera, se puede resumir en que son todos los elementos estructurales o constructivos de los que el edificio no puede prescindir sin que tenga un daño. Un buen sistema de cálculo del continente es pensar cuánto costaría reconstruir la casa después de un incendio. Teniendo en cuenta, obviamente, que no hay que sumar el valor del suelo, ya que éste seguirá ahí. Las compañías disponen de programas que, atendiendo a una serie de variables como la superficie, la zona o la calidad de la construcción, establecen un valor para el continente.

 

 

Antes de contratar la póliza nos debemos informar de si la comunidad de propietarios tiene algún seguro que, además de las partes comunes, incluya también una partida para algunos elementos privativos, lo que nos permitiría establecer una cantidad más baja para el continente.

 

Infraseguro y sobreseguro en los seguros de hogar

 

Se incurre en un infraseguro cuando el valor asegurado es inferior al real. Si esto sucede, la compañía, en el momento de indemnizar por un siniestro, lo hará teniendo en cuenta la llamada regla proporcional: Cantidad asegurada multiplado por el valor de los daños entre el valor real de los bienes. Es decir, imaginemos que hemos declarado un valor del contenido de 50.000 euros. Tenemos un siniestro, por ejemplo un incendio, y el peritaje de la compañía detecta que, en realidad, el valor del contenido es de 100.000 euros. Los daños producidos ascienden a 20.000 euros, que es lo que la compañía nos abonaría si hubiéramos asegurado bien el contenido. Al no ser así, aplica la regla proporcional: (50.000 * 20.000) / 100.000 = 10.000. La aseguradora nos pagaría 10.000 euros.

En el extremo contrario está el sobreseguro, que se produce cuando los valores son superiores a la realidad. En este caso lo único que ocurre es que el tomador estará pagando una prima superior que la que debería por su seguro de hogar.

 

No omitir información en los seguros de coche: el conductor joven ocasional

 

El engaño en muchos casos en los seguros de coche se resume en tres palabras: conductor joven ocasional. Es algo que sucede de manera muy habitual y, en este caso sí, es una omisión de la realidad achacable, única y exclusivamente, al asegurado. El ejemplo es de lo más habitual: un joven con el carnet recién sacado se compra un coche. La compañía pide unas cantidades desorbitadas para hacer el seguro a su nombre por lo que lo suscribe como si su padre fuera tomador y conductor. Siempre y cuando, claro, el propietario no sea el  joven, en ese caso es extraño que la compañía lo acepte, ya que el engaño sería demasiado obvio.

El o la novel cree que ha engañado a la aseguradora pero, desgraciadamente, tiene un accidente. En ese caso la compañía reducirá sobremanera la indemnización por los daños propios, haciendo un cálculo proporcional entre la prima pagada y la que se debería haber abonado. Esto en el mejor de los casos, porque otra opción es que acuse al asegurado de actuar de mala fe y no abone ni un euro.

Si en el siniestro hay daños a terceros, la compañía está obligada a hacer frente a ellos en un principio, no obstante, podría repercutirlos posteriormente en el tomador en forma de sobreprima.

Surgió hace unos años, precisamente para evitar este tipo de engaños, la figura del “conductor ocasional”. Es decir, el hijo o la hija que, de vez en cuando, coge el coche del padre. Hecha la ley, hecha la trampa. La inclusión de un conductor ocasional supone un importante incremento en la primera del seguro de coche, entre un 30% y un 50% que, sin embargo, siempre será menor que el precio a pagar si el joven es el conductor habitual.

Se hacía entonces el seguro del coche del joven a nombre del padre, con el primero como conductor ocasional. El problema es que si el hijo o la hija tienen un accidente, se le aplicará una franquicia que puede llegar hasta los 500 euros. En todos los casos estamos hablando de que el vehículo lo conduzca una persona que suponga un riesgo distinto al del tomador. Es decir, todo lo comentado no se aplica si un señor de, por ejemplo, 45 años y 10 de carnet, le deja el coche a su hermano de 52 y 14 de carnet.

 

Es mejor no engañar al seguro

 

A modo de corolario, sacamos en claro que no debemos engañar a la compañía. Si lo que queremos es pagar menos por nuestros seguros, es mejor buscar un buen precio en el comparador de seguros de Acierto, que tratar de ser más listos que la aseguradora.

 


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